En el Centro NIHR LatAm, sabemos que para mejorar la salud comunitaria, primero debemos comprender a las comunidades. Más allá de los diagnósticos, las cifras y los indicadores, es fundamental entender cómo viven las personas, las barreras que enfrentan para acceder a la atención médica y los recursos que encuentran en sus comunidades. Esta comprensión es fundamental para desarrollar soluciones que respondan a las necesidades reales de la población.
En este contexto, investigadores de Bolivia, Colombia, Guatemala y el Reino Unido participaron en un análisis situacional realizado en 25 centros de salud de América Latina. Mediante entrevistas con más de 100 personas, entre profesionales de la salud, pacientes, cuidadores y líderes comunitarios, el estudio buscó comprender el contexto en el que se desarrollan las enfermedades no transmisibles y los trastornos de salud mental en la región.
El estudio demostró que, si bien cada país tiene sus particularidades, también existen desafíos comunes. Estos abarcan desde las largas distancias para acceder a consultas médicas hasta la escasez de especialistas y las dificultades para mantener la continuidad de la atención y el tratamiento.
Por un lado, algunas enfermedades son muy visibles y están muy extendidas. La hipertensión y la obesidad presentan algunas de las tasas de prevalencia más altas, y el sobrepeso y la obesidad destacan especialmente en los indicadores nacionales de Bolivia. Por otro lado, la salud mental sigue siendo una necesidad poco atendida. Si bien los registros oficiales muestran cifras relativamente bajas, factores como el estigma social y la escasez de profesionales de la salud mental dificultan la identificación y el tratamiento oportuno de afecciones como la ansiedad y la depresión.
La investigación también reveló que las barreras para acceder a la atención médica van mucho más allá de la distancia física. La alta rotación del personal sanitario dificulta la creación de relaciones de confianza con los pacientes, mientras que los trámites administrativos, los costos de transporte y las limitaciones económicas desalientan a las personas a buscar atención médica. Además, existe una brecha digital significativa: si bien Colombia ha avanzado en la implementación de historias clínicas electrónicas, Bolivia y Guatemala aún dependen en gran medida de los expedientes médicos en papel, lo que dificulta el seguimiento continuo de los pacientes.
Sin embargo, uno de los hallazgos más valiosos del análisis situacional fue la capacidad de las comunidades para generar soluciones en respuesta a las limitaciones del sistema de salud. Las prácticas tradicionales, como el uso de plantas medicinales, y las redes de apoyo vecinal que ayudan a transportar a personas enfermas o brindan apoyo logístico para gestionar las citas cuando los recursos son limitados, se han convertido en recursos accesibles que contribuyen al bienestar y fortalecen la atención local.
Con base en estos hallazgos, se identificaron áreas clave para fortalecer la atención de las enfermedades crónicas en la región. Estas incluyen la mejora de los sistemas de información sanitaria, el aumento de la inversión en personal de salud, la incorporación del conocimiento tradicional y el liderazgo comunitario en los procesos de atención, y el fortalecimiento de la infraestructura y los mecanismos de acceso para reducir las barreras geográficas que enfrentan muchas comunidades.
Más allá de las cifras, este análisis nos recuerda que la salud también se construye a través de las relaciones, la comunidad y la capacidad de las personas para cuidarse mutuamente. Comprender estas realidades es un paso fundamental para diseñar sistemas de salud más cercanos, inclusivos y mejor adaptados a las necesidades de las personas que viven tanto en entornos urbanos como rurales.

